Arte en Boga Lab III «Memorias A/R/Tográficas en Barrios Unidos»

Arte en Boga Lab III «Memorias A/R/Tográficas en Barrios Unidos»

Memoria Social Arte en Boga LAB III

Arte en Boga LAB III realizó su tercera versión presencial gracias a la Beca para la Formación y Creación Artística en la Localidad de Barrios Unidos – Más Cultura Local 2025. En esta edición, la Caja de Memorias A/R/Tográficas, construida por la comunidad durante el laboratorio anterior, dejó de ser un registro para convertirse en el punto de partida de cinco laboratorios interdisciplinares de investigación-creación. Desde el dibujo, la escritura, las artes escénicas, la creación audiovisual y la investigación-creación expandida, los participantes reinterpretaron estos archivos para activar nuevas memorias, relatos y experiencias colectivas en el territorio.

ARTE EN BOGA LAB III

¿Qué ocurre cuando un laboratorio artístico deja de entenderse como un espacio para aprender una técnica y comienza a funcionar como un lugar para investigar? ¿Qué sucede cuando el dibujo, la escritura, el cuerpo, la escena o la imagen dejan de ser únicamente lenguajes de creación para convertirse en herramientas con las que una comunidad puede preguntarse por el territorio que habita, por sus memorias y por las relaciones que construye cotidianamente?

Estas preguntas acompañaron el desarrollo de Arte en Boga LAB III: Memorias A/R/Tográficas en Barrios Unidos, un proyecto realizado gracias a la Beca para la Formación y Creación Artística – Más Cultura Local 2025. Durante varios meses, ciento cincuenta participantes transitaron por cinco laboratorios de creación que reunieron artistas, docentes, investigadores y habitantes de la localidad alrededor de una misma apuesta: comprender que la creación artística también puede ser una forma de producir conocimiento situado.

Sin embargo, el laboratorio comenzó mucho antes de que llegaran los participantes.

Antes de abrir la convocatoria, el equipo de artistas-mediadores emprendió un proceso de planeación que buscó construir un lenguaje común entre disciplinas diversas. Más que distribuir contenidos o programar actividades, el reto consistía en preguntarse cómo diseñar experiencias capaces de provocar procesos de investigación desde las artes. Para ello se adoptaron tres enfoques metodológicos que atravesaron toda la experiencia: el Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), la investigación-creación y la a/r/tografía, entendida como una práctica en la que las figuras del artista, el investigador y el docente dejan de ser roles separados para coexistir dentro de un mismo proceso.

Esta decisión modificó profundamente la manera de pensar los laboratorios. En lugar de organizar clases centradas en la transmisión de contenidos, cada sesión fue concebida como una experiencia detonante. La pregunta reemplazó a la respuesta; la exploración sustituyó la demostración técnica; el error dejó de entenderse como un fracaso para convertirse en un material de trabajo.

Quizá uno de los ejercicios más significativos durante la planeación fue reconocer la existencia del currículo oculto. Los artistas-mediadores no solo discutieron qué querían enseñar, sino también cuáles eran las formas de relación, los valores y las prácticas que inevitablemente transmitían mientras enseñaban. ¿Qué lugar ocupa el cuidado? ¿Cómo evitar reproducir relaciones jerárquicas? ¿Qué ocurre cuando el docente deja de dirigir cada decisión para convertirse en acompañante de un proceso colectivo? Estas preguntas terminaron siendo tan importantes como los contenidos mismos y redefinieron el papel del mediador dentro del proyecto.

Con esa base metodológica comenzaron los cinco laboratorios. Aunque cada uno trabajó desde un lenguaje artístico distinto —la investigación-creación, las artes escénicas, el dibujo expandido, la escritura y la creación audiovisual— todos compartían una misma premisa: comprender el territorio no como un escenario donde ocurren las actividades, sino como un archivo vivo construido por quienes lo habitan.

Las memorias personales, las historias familiares, los recorridos cotidianos, las conversaciones, los afectos y los archivos domésticos comenzaron a aparecer de manera espontánea durante las sesiones. Poco a poco los participantes descubrieron que investigar el territorio no implicaba recopilar únicamente datos históricos o información documental. También significaba prestar atención a aquello que normalmente permanece invisible: los gestos cotidianos, las emociones, los sonidos del barrio, las relaciones de vecindad, las huellas materiales e inmateriales que configuran una comunidad.

Cada laboratorio produjo resultados distintos, pero todos compartieron una misma lógica de trabajo. Más que perseguir una obra terminada desde el primer encuentro, los procesos fueron construyéndose a partir de preguntas abiertas, ejercicios colaborativos, registros sensibles y múltiples formas de documentación. La creación apareció como consecuencia de la investigación, y no al contrario.

En ese sentido, uno de los mayores aprendizajes del proyecto consistió en comprender que las artes no solo producen objetos culturales; también generan formas particulares de conocer el mundo. Dibujar puede convertirse en una manera de observar. Escribir puede ser una forma de organizar la experiencia. Construir una escena puede permitir comprender las relaciones sociales que atraviesan un territorio. Registrar audiovisualmente un recorrido puede revelar aspectos que pasan desapercibidos en la vida cotidiana.

La muestra final no buscó presentar obras cerradas ni conclusiones definitivas. Funcionó como una apertura del proceso hacia la comunidad, invitando al público a recorrer los archivos, las preguntas y los dispositivos creados durante los laboratorios. Más que exhibir resultados, propuso compartir un proceso de investigación colectiva donde cada pieza conservaba visibles las huellas de su construcción.

Quizá ese sea uno de los principales legados de Arte en Boga LAB III. Además de las obras, los registros y las experiencias construidas junto a la comunidad, el proyecto deja una metodología que entiende la formación artística como un espacio de creación de conocimiento compartido. Una metodología que reconoce que investigar también puede hacerse dibujando, escribiendo, caminando, actuando, filmando o escuchando.

En un contexto donde la educación artística suele medirse por la cantidad de productos finales, este proyecto apostó por valorar aquello que sucede durante el camino: las preguntas que aparecen, las relaciones que se construyen, las memorias que emergen y las formas de mirar el territorio que cambian para siempre después de habitarlo colectivamente.

Porque, al final, un laboratorio no es únicamente el lugar donde se producen obras. Es, sobre todo, el lugar donde una comunidad aprende nuevas maneras de hacerse preguntas sobre sí misma.

Memorias A/R/Tográficas en Barrios Unidos

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